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Texto Jose Manuel Springer
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El edén, lugar donde la naturaleza ha sido reinventada por la mano del creador. Un jardín,
la reconstrucción de un espacio exuberante por medio de la razón y la sensibilidad. Flora Filosófica,
representación de especies botánicas dentro un paisaje delirante e ilusorio. Un conjunto de ideas
sobre la pintura y la belleza que se sobreponen por medio de formas y colores.

El trabajo de Patrick Pettersson es proponer un recorrido personal por un universo pictórico.
Dentro del rompecabezas que plantea representa los enlaces de su gusto personal usando
elementos de la tradición pictórica. Su finalidad es desmaterializar, desviar la ilusión del plano
continuo de la tradición pictórica y mostrar que la belleza es resultado de un artificio, de un engaño,
de una construcción.

Acostumbrados como estamos a saltar de una imagen a otra, de una fotografía a otra imagen,
las pinturas de esta exposición nos plantean una producción de sentido diferente: percibir varios
planos, momentos distintos en un sólo movimiento. Esa es la forma en que la cultura actual trabaja,
mediante recortes, traslapos y recontextualizaciones.

La utilización de elementos artísticos preexistentes en una nueva unidad, tiene como resultado el
replantear el gusto por la naturaleza, la botánica, el jardín, privilegiando el ángulo estético sobre
el verismo. Se trata de una conjunción de los elementos decorativos sobre el paisaje de lo real,
usando los instrumentos y dispositivos que tiene el pintor a la mano, y usando la pintura como discurso
didáctico de la mirada. El resultado apunta a que todos los elementos de la pintura: fondo, forma,
composición, detalle, mancha, dibujo, se vuelven instrumentos lúdicos intercambiables.

En estas pinturas contemplamos paisajes que parecen estudios de filmación. Todo en ellos resulta
artificial, pero lo artificial nos atrae y nos seduce. Con sus transformaciones de lo natural a lo pictórico,
Pettersson crea una deriva de la pintura hacia un tipo de mirada que ya no se conforma con la mimesis
de lo real, sino que busca afanosamente la interpretación de un mundo naturalmente utópico.

Tal como reconoce el autor, las pinturas son el producto de una experiencia estética de la flora,
y en algunos casos del Jardín Etnobotánico de Oaxaca, el cual, a su vez, es resultado de una creación,
un diseño racional, armado por otros artistas. Por tanto, esto hace que las pinturas de Pettersson constituyan
una deriva estética de las formas naturales y la presentación de las especies vegetales en ese sitio
específico; el empalme de miradas provocadas por los corredores y el ordenamiento del jardín botánico
sugieren una interacción virtual, ideal y utópica con el espacio.

La intención de crear un edén artificial por medio de la pintura concuerda también con la estética barroca
de la Iglesia de Santo Domingo. No obstante, mientras en el Barroco existe la finalidad de llevar la
mirada fuera de este mundo, en la pintura de Patrick Pettersson la mirada del pintor nos propone
una reinvención del mundo tangible, tan verosímil como inalcanzable. Estamos ante pinturas que
especulan, reconstruyen y reinventan un estilo ultrabarroco.

Las pinturas nos enfrentan a una situación contemporánea. Nos proponen un espacio posible,
el cual está intersectado por formas recortadas, franjas de color, espacios atípicos o retículas.
Todas estas pretenden hacer desaparecer la perspectiva, romper con el espacio figurativo y despojar
al paisaje de su vestimenta realista. En estos cuadros la pintura se desarrolla como una estrategia
negativa, que va vaciando al espacio ilusorio y lo convierte en un lugar específicamente pictórico,
subrayando la autonomía de la pintura. Los espacios negativos, de color opaco y de formas recortadas,
que recuerdan a las pinturas de Matisse de los años 50, remiten constantemente a la idea de pintura
en sí y no a la ilusión pictórica.

Los formas negativas que emplea Pettersson anulan el valor propio de lo representado.
Por ejemplo, los pájaros que aparecen en los cuadros Corona Selvática y Jardín Polifónico
están ahí más que para representar una ilustración zoológica, para dejar volar la mirada fuera
del cuadro. Como sucede en la arquitectura barroca, la presencia de los paraísos celestiales,
y los llamados rompimientos de gloria, se prolongan en los elementos decorativos arquitectónicos.
Es así como se crean paneles o secciones que permiten en esa tradición saltos narrativos o
introducen textos y nombres. La arquitectura de formas en las pinturas de Patrick, las hace ver
como una obra en desarrollo, una producción pictórica que tiene varias secuencias,
sesgos narrativos y subtemas explicativos.

Eliminando la delimitación de los objetos representados, rompiendo con los códigos tradicionales
de lectura, exaltando lo ilimitado y la simultaneidad de miradas, la pintura actual está centrada en
ese juego de simulaciones y reciclaje. Su esencia es el ser un espacio de construcción o producción,
a la manera en que lo define Nicolas Bourriaud: el pintor es una especie de DJ que trabaja con los
principios heredados de las vanguardias modernas, usando técnicas de desvío, empleando
ready mades
pictóricos, cuyo resultado es la de la pintura como medio de reflexión sobre la mirada.

José Springer, Diciembre 2011